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Y de vos… ¿qué dicen?

20 mayo, 2018 - 11:00 a 13:00

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina

Quizás éste, uno de los textos más emblemáticos para la vida de la iglesia cuando queremos hablar de lo que el Espíritu Santo logra cuando se mueve en medio de su pueblo. Cuando hay una libertad que permite movimiento, sinceridad, franqueza y amor entre los miembros de una comunidad que tiene a expandirse cada día más….

 

Una ilustración que siempre me quedó grabada de mis años de estudio en medicina es la siguiente: el lugar donde apoya la hipófisis en el cráneo (órgano diminuto que comanda el sistema hormonal en el cuerpo) se llama “silla turca”, desde ahí, ese órgano diminuto, controla y regula todo lo que le pasa a nuestras hormonas toda la vida.

En esa silla, también de forma metafórica, hay muchas cosas que dejamos sentada durante largo tiempo: nuestros problema con los cuales nos vamos a dormir, y que el despertar siguen ahí sentados mirándonos con ironía o directamente personas que, ya sea que odiemos o amemos, ahí están sentadas en el medio de nuestra cabeza para recordarnos lo mejor o lo peor de nuestra memoria.

 

Cuando uno invita al Espíritu Santo a vivir a su propia vida (frase por demás usada para los evangélicos y cristianos/as en general) pasa algo similar a lo descrito pero, no ya desde nuestras obsesiones, rencores o apasionamientos; más bien diríamos desde nuestro temor, ¿por qué digo esto? Por un lado, la idea del invitado o invitada que más de una vez hemos tenido en casa al cual casi no conocemos pero que, como gesto de amabilidad y confianza le permito recorrer mi casa integra. Y por el otro, invitar al espíritu a nuestra vida que queda recluido a la “silla turca” y de ahí, no dejo que se mueva, porque en el momento que se mueve con libertad en tu vida, vos intuís, que las cosas cambian definitivamente.

Hay algunos puntos de este breve texto del libro de los Hechos que me quedan fijados desde hace tiempo y me gustaría repasarlos con uds.

 

Todos estaban asombrados a causa de los muchos milagros y señales que Dios hacía por medio de los apóstoles. (vers.43). El dato que inaugura esta perícopa para hoy habla justamente de un dato fuerte y elemental: Dios generaba milagros y señales. Algo más que el trabajo fuerte y comprometido de los apóstoles en medio de la comunidad naciente de creyentes en Cristo. Algo más que la buena voluntad de sus miembros por servir y dar testimonio.

Es Dios mismo quién inaugura un tiempo “revelador” para sus vidas por sobre otras señales que estarían viviendo en su medio.

En este tiempo para la vida de la comunidad de Almagro y de tantas otras en el país y el mundo, hay que volver una y otra vez a esta fuente inagotable de promesas que se cumplen en Jesús. Volver una y otra vez al abrevar en la fuente que revela un nuevo tiempo.

¿Qué quiero decir con esto? Parte ya lo dijimos a lo largo de estos domingos que pasaron y es la posibilidad de la oración permanente del pueblo de Dios buscando discernimiento. Las señales y los milagros ocurren en todo momento…es esa revelación de Dios actuando la que nos debe mantener alertas y en búsqueda permanente, no ya como un ejercicio de detectives, sino en la certeza de Jesús que acompaña a su pueblo.

 

 Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí; 45 vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno (vers. 44-45) por esto mismo, decíamos que es importante tener discernimiento de lo que Dios hace en medio nuestro, porque solo de este modo, en este reconocimiento de un Dios de amor y plenitud actuando hay verdadera unión (que no significa homogeneidad necesariamente) pero si la convicción que, a ninguno de sus miembros debe faltarle para vivir esa vida plena.

La economía del Reino exige un compromiso evidente de unos con otros que no puede estar estipulada por buenos planes económicos ni por mejores voluntades sino por la clara convicción que de este modo, las señales se manifiestan en medio nuestro y son testimonio para aquellos/as que aún no las pueden ver.

 

 Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón (vers.46). Estos “medios de Gracia” al decir de J. Wesley, el hecho de compartir el pan (como acto eucarístico en sí) es algo más que tener memoria de lo hecho por Jesús; es una invitación a vivenciar esta cena última de él con sus discípulos en calma antes de la tormenta de la cruz.

Es saber que, en el medio de la dificultad y espanto evidente como presupone la persecución y el rechazo frente a la fe que quiere ser vivida en libertad, hay siempre un tiempo y espacio reservado que los/as seguidores/as de Jesús tendrán que buscar conscientemente para hacer frente a lo que se viene.

Es saber que por más angustiante que nos parezca el tiempo presente que vivimos, siempre estará el pan y el vino ofrecido, como testimonio y signo visible que ni la muerte puede con Cristo.

Es fundamental entender que el Espíritu mismo de Jesús se manifiesta y revela en esta mesa amplia donde siempre, todos/as aquellos/as que acepten la vida nueva que trae, están invitados/as a participar.

 

Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación. (vers.47)  La irrupción de Dios en la historia genera inevitablemente, señales diferenciadas en el medio en el cual estamos. Uno de ellos tiene que ver con este que hace el pueblo de Dios que le es propio, “Alabar a Dios” por su grandeza, por su poder, ¿por qué otras cosa dirían ustedes? en todo caso, la alabanza también es testimonio irrefutable de un Dios que actúa en medio nuestro. Es este reconocimiento del Dios salvador en Jesús y que guía con su Espíritu al pueblo a lo largo del tiempo, lo que hace que otros y otras, estimen este espacio.

Siempre me pregunté quiénes serán esos otros. ¿el barrio, la ciudad, quiénes? ¿qué dicen de nosotros acá en este momento?

En el servicio a la comunidad que esta iglesia hace cada lunes desde hace 4 décadas para los/as que están en situación de calle, el lunes pasado, uno de los asistentes me dio las gracias por todo lo que hacemos por ello. Si bien me quedé agradecido, no pude menos que volver a este texto y ver en él y su gratitud, una clara revelación de Dios para su pueblo.

Reconocer que es a través de su pueblo que Dios levanta no solo la estima nuestra sino que la misma se vuelve un testimonio claro e irrefutable de que es posible un mundo distinto, más solidario, sin violencia donde la voz de cada uno/a es escuchada y tenida en cuenta, al igual que sus necesidades.

 

Y de vos, ¿qué dice la gente cuando les contás que vas a una iglesia? ¿Qué dice el barrio de Almagro de esta comunidad?

Discernir cada día lo que Dios hace en milagros y señales, es tener alertas los oídos y ojos para reconocer la promesa que  el apóstol Pablo declara: «Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman.» (1º Cor.2.9)

Que sea tiempo este pentecostés, de seguir buscando aquello que con tanto amor, Dios prepara para nuestras vidas.

Audio de la prédica

Próximamente

Texto: Hechos de los Apóstoles 2.43-47

Predica: Pastor Leonardo Daniel Félix

Iglesia Metodista de Almagro (Buenos Aires).

Domingo 20 de mayo de 2018 – Pentecostés

Orden de culto

Momento de los niños

Próximamente

Detalles

Fecha:
20 mayo, 2018
Hora:
11:00 a 13:00
Categoría del Evento:
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Lugar

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina
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Teléfono: (011) 4981-4290