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¡Qué hermoso sueño soñé!

23 diciembre, 2018 - 11:00 a 13:00

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina
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Hace un tiempo atrás, una amiga muy querida, cuando falleció su papá que también era pastor, me regaló varias prendas de él. “Prendas bendecidas” me dijo…y ya lo creo que sí.

 

¡Qué raro! Pensé yo, ¿cómo se puede tocar algo y sentir a su dueño en ese acto? Luego uno descubre que la gente no solo siente a quién no está, también ve lo que ya se fue, oye lo que ya no produce ruido y vive lo que en apariencia no existe en ninguna parte.

 

La primera confesión de fe importante en los evangelios siempre se la atribuimos a Tomás que lleno de temor ve a Jesús resucitado y dice: “Señor mío y Dios mío”. Una confesión que nace de una experiencia que el reclama y que también tiene que ver con los sentidos: “si no viera y tocara…”.

En realidad, la primer confesión de fe del cristianismo es la misma Isabel, prima de María, mamá de Juan el Bautista; “…la madre de mi Señor venga a mi” (vers.43).

Aquí, en el relato de Isabel y María hay mayor intimidad de la que uno puede llegar a imaginarse. Un bebé que salta de alegría, ella que puede reconocer en ese salto no una simple contracción sino el lleno del Espíritu Santo en su vida. Un reconocimiento formal que aquella visita que se producía estaba conectada fuertemente con la visita que el ángel le había hecho a ambas. Y por sobre todas las cosas un creer que trae aparejado la certeza del cumplimiento de la promesa de Dios para nuestras vidas.

 

Pensar en Isabel grande ya, no es pensar en la anciana de hoy en día, es hablar de una mujer que quizás no llegaba a los cuarenta años, edad más que suficiente como para no esperar nada más de la vida.

Pensar en María, casi una niña, pobre y desamparada en su tiempo, es hablar de alguien a quien la historia de su tiempo poco le hubiese confiado para hacer o tener. Cuánto habrá anhelado y soñado Isabel a su bebé. Cuánto habrá anhelado y soñado desde muy niña María, ser una mujer casada con un varón justo del cual sentirse orgullosa.

Por esto mismo, los relatos como el de Lucas, son tan importantes. Porque cuentan desde una experiencia común a todos los seres humanos. Por esto mismo la carta de Juan es fundamental en este tiempo, porque cuenta también algo compartido con todos. Una fe que se puede tocar, se puede ver, se puede oír, una fe que permite alegrarse en el compartir con otros.

Nuestra fe es mucho de lo que aquí compartimos cada domingo pero es algo más que esto. La fe es una manera de entender lo que te pasa desde otro lugar. Desde el lugar de tus sueños, desde el lugar de lo que has visto como acción plena de Dios, desde el lugar desde donde has oído Su voz en tu vida.

 

Cada navidad que se acerca, cada día de tu vida, el nacimiento de Jesús te vuelve a esta experiencia tan profunda del compartir sensaciones con otros.

¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a otro lo bien que estás cuando te sabés cuidado por Jesús? ¿Cuándo fue la última vez que le contaste a otro el amanecer que Dios te regaló y te permitió ver? ¿Cuándo fue la última vez que le contaste a otro el sueño que Dios te regalo la noche anterior?

Un conocido cantautor argentino, comparte su sueño con esta chacarera que dice así[1]

 

Nuestra fe es un aprender todo el tiempo de nuestros sentidos y también de nuestros sueños. Nuestra fe es un caminar compartido que se alimenta de los que estuvieron caminando antes que nosotros. De gente como Zacarías, Isabel, José y también María. Una María que,

  1. se ofrece para el servicio y se declara “esclava” de su Señor y Salvador (ver.38)
  2. busca estar en comunión y corre a verla a Isabel para compartir lo recibido.
  3. tiene un corazón dispuesto para aceptar el gran encargo que se le hace (vers.46)

 

Animarse a soñar los proyectos que Dios tiene para tu vida es un empezar a caminar con otros. Es un empezar a salir de nuestras soledades para que algo nuevo y distinto nazca en nuestros corazones. Que Dios te provea ojos atentos, oídos alertas y sueños fuertes que te marquen el rumbo en este tiempo. Amén.

 

[1] QUE HERMOSO SUEÑO SOÑÉ
de R.P. Truellenque y Carlos Carabajal.

Ayer soñé que tu niño
que Jesús de Nazareth,
había nacido en mi pago
qué hermoso sueño soñé.

Y vi. a mis campesinos,
ponerle al niño a sus pies
con la humildad de mi pueblo
ofrendas de amor y fe.

Yo traigo leche de cabra
y al burrito alfalfa azul,
también un pan de algarrobo
para el Niñito Jesús.

María soñe que tu niño
que jesús de nazareth
nació en santiago maría
qué hermoso sueño soñé.

Yo soy challuero María,
busco en el río mi pan
te traigo un bagre de plata
y una flor de espuma y sal.

Yo soy melero Señora,
traigo un payaso de miel
y un ramillete de trigos
que en los montes encontré.

Yo me llamo Juan Silencio
soy hachero Niño Dios
le hice una cuna de quebracho
y un caballito de sol.

Audio de la prédica

Próximamente

Texto: Lucas 1.39-45 y 1º Juan 1.1-4.

Predica: Pastor Leonardo Félix

Iglesia Metodista de Almagro (Buenos Aires).

Domingo 23 de diciembre de 2018 4º de adviento.

Orden de culto

Detalles

Date:
23 diciembre, 2018
Hora:
11:00 a 13:00
Categoría del Evento:
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Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina
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Teléfono: (011) 4981-4290
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