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Perder lo viejo, encontrar lo nuevo…

3 septiembre, 2017 - 11:00 a 13:00

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina

Si estuvieses en un barco que se hunde lentamente por el peso que lleva a bordo, y te deja tiempo de ver y reaccionar frente a la tragedia, y si además viajases con todo lo que conseguiste a lo largo de toda tu vida; por dónde empezarías a “alijar” la carga. Qué se iría primero por la borda de tu barco. Qué recuerdos, qué sentimientos, qué posesiones, qué compañías…

Al leer este texto de romanos, después de repasarlo varias veces, termino preguntándome: ¿por qué no lo usé nunca antes para una liturgia de casamiento?

Después de todo, Pablo hilvana estos versículos (todo el capítulo 12 en realidad) sobre la base del amor, y del amor que construye un “nosotros” antes que un “tu y yo”

Suena parecido, ¿verdad? Pero define prácticas distintas y diferenciadas. Y el evangelio en nuestra vida define justamente esto: prácticas distintas y diferenciadas. No solamente de los demás (que aplicado como argumento todo el tiempo hasta sonaría como una “arrogancia” de parte de quien lo dice), sino de nuestras prácticas anteriores. Anteriores a conocer a Cristo.

Ahora bien, yendo al Evangelio de Mateo, continuación del domingo anterior, queda claro que, el hecho de que Pedro fuese “bienaventurado” por Jesús (v.17) por revelar su filiación divina con el padre, así como su carácter de Mesías, no le valió de mucho al momento de ser definido como Satanás por el mismo Señor.

¿Cómo sucede este evento? Quizás la explicación tenga que ver con lo que veíamos el domingo anterior en tanto que, mientras el reconocimiento de Jesús como Tu Salvador personal, es obra en donde, evidentemente interviene el Espíritu Santo (“ni carne ni sangre te lo ha revelado”), la negativa de Pedro a que Su Señor sufra la muerte, no hace más que retraerlo a su más humana condición.

De un momento para el otro, Pedro pierde su visión espiritual del proyecto de Dios encarnado en Cristo, y vuelve una vez más al proyecto judío mesiánico de un libertador poderoso y victorioso. De ningún modo derrotado en la cruz de los romanos.

El padecimiento, la muerte en la cruz, su resurrección y posterior exaltación es algo que Pedro debe seguir aprendiendo. Pedro y la iglesia posterior a él, debe aprender este dato todo el tiempo para justamente, no convertirse en aquello que padece y sufre. Solo aprehendiendo estos datos es posible verificar con certeza que hemos tomado la cruz, estamos dispuestos a un seguimiento claro de Cristo y por ende, aceptar que la pérdida de las lealtades que hasta hoy tenías por ciertas, es el poder encontrar otras.

Cuando la iglesia cristiana se para a lo largo de la historia en el papel mesiánico reservado solo a Cristo y construye desde este lugar, su “espacio de acción y de poder cotidiano”, se traiciona a sí misma como testigo y como siervo de los que la necesitan. Al decir de un viejo eslogan inglés: “se puede combatir a los caníbales de cualquier modo, menos comiéndolos”.

Básicamente sobre este dato – el reconocimiento de la autoridad de Jesús sobre tu vida y sobre todo lo creado – es que Pablo construye para sus lectores (no olvidemos que esta es una carta profundamente pastoral) las recomendaciones de cómo vivir una nueva vida en Cristo e, inevitablemente, en comunidad.

La comunidad como cuerpo de Cristo, define este modo de amar del evangelio. La sola dimensión de cuerpo supera necesariamente la dinámica personal. Parafraseando al apóstol en 1ºCor 12.18-22, diríamos que nos necesitamos unos a otros todo el tiempo.

Y no hay caso en la vida, nunca podrás reflejar en forma auténtica hacia fuera, afectos que no sientas íntimamente en tu corazón. Por esto mismo aparece esta figura repetidamente, la del corazón. Dios mira el corazón de los hombres y conoce sus intenciones, dice la Palabra. Sobre la intimidad de lo que sentís se construyen los lazos de esta nueva familia.

Inevitablemente, en la lógica de la carta, esto evidenciará actitudes distintas hacia los que te rodean. Y podemos enumerarlas en estos versículos.

Compartir, ser hospitalarios, reaccionar amando frente a toda provocación, bendecir a los perseguidores y no dejar vencerse por el mal (¡qué no te pase lo de Pedro!)

De este modo mostrará la carta que, el amor sincero queda evidenciado en la capacidad de servir a los demás con el beneficio de alegrarte con el que se alegra, llorar con el que llora como si fueses vos mismo.

Por el otro lado, la actitud contraria que se evidencia es, un amor con intereses personales en juego que, en todo momento, defenderá derechos personales y espacios que le son propios.

 

El amor es algo más que la capacidad de entrega al otro en las cartas del NT y los evangelios: el amor que sirve (a los demás) es la capacidad de discernir la voluntad de Dios para tu vida. Quien no ama sinceramente y de corazón, no discierne lo que hay por delante.

Nunca sientan temor o dudas en cuanto a lo que pueden dar de sí para otros, sinceramente y de corazón. Podrán no siempre corresponder los gestos a lo entregado, podrán no siempre ser gratas las experiencias pero justamente, el amor implica renunciar. Y como decíamos antes, es perdiendo lo viejo, que podemos encontrar algo nuevo.

¿Qué cosas valdría la pena perder en tu vida para que puedas encontrar nuevas? Acordate que todas juntas (las viejas y las nuevas) no caben juntas en tu corazón. Hace lugar a lo que Dios te pide en este tiempo. Amén.


Audio de la prédica

Texto: Romanos 12.9-21 y Mateo 16.21-28

Predica: Pastor Leonardo Félix

Iglesia Metodista Central de Buenos Aires.

Domingo 3 de septiembre – 13º de pentecostés

Orden de culto

Momento con los niños

Detalles

Fecha:
3 septiembre, 2017
Hora:
11:00 a 13:00
Categoría del Evento:
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Lugar

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina
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Teléfono: (011) 4981-4290