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La permanencia en el amor como imperativo

6 mayo, 2018 - 11:00 a 13:00

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina

Hace 78 años atrás (el 17 de mayo de 1940), Alemania vencía las débiles fuerzas holandesas y tomaba Rotterdam después de un intenso bombardeo que mató a mil personas. Cinco años duró la invasión y más de un cuarto de millón de holandeses murió durante esos años.

Cuando el tercer Reich decide “rotular” a los judíos que habitaban Amsterdan, les ordena salir a las calles de la ciudad siempre con una estrella de David hecha en tela amarilla para ser identificados por las fuerzas de ocupación.

Con valentía y asumiendo el sufrimiento ajeno como propio, los holandeses de Ámsterdam en su conjunto, deciden salir todos (sin excepción) al otro día, portando una “estrella de David” en el pecho.

 

Curiosa forma de encarnar ciertos procesos históricos. Curioso, peligroso y quizás para muchos, nada recomendable. Siempre me pregunté si tendría el coraje de hacer yo, lo mismo, en una circunstancia igual o similar en mi vida. Y un pariente mío viviendo en Rotterdam me recordó una gran verdad del filósofo existencialista Karl Jasper: “uno sólo sabe lo que hará en situaciones límites, cuando las mismas son inevitables en nuestra vida y nos toca transitarlas”.

Creo que nadie elige ser mártir, héroe o dar conscientemente la vida por otros. Al menos no como primera alternativa sin haber agotado otras instancias. Pero leamos una vez más dos escritos distintos de Juan (la carta y el evangelio) pero, al mismo tiempo emparentado por una misma experiencia y teología que los forma.

 

La carta, fiel a su estilo, cada vez que dice algo, define su antagónico. La experiencia entonces del discernimiento espiritual (conocer el espíritu que habita en cada uno) está dado por confesar que Cristo (en tanto Hijo de Dios) se encarnó y se hizo ser humano, aún con sus debilidades a cuestas. Ergo, quién no reconoce este encarnar de Jesús en la historia de la humanidad, está y es del Anticristo.

Juan de este modo juega con antagónicos que hacen a una experiencia espiritual ya reconocida para sus comunidades. Experiencia que tiene como punto de partida a Dios. Y quizás esta sea la paradoja del texto.

Para que la experiencia espiritual de Dios habitando, (a través del reconocimiento de Cristo hecho carne – ser humano -) en nosotros tenga sentido, es necesario que su origen sea Dios mismo. Dicho de otro modo, toda la humanidad de Jesús es reconocible desde su origen totalmente divino.

¿Nunca te pusiste a pensar que trae aparejado esto en tu vida?, ¿por qué para las cartas del NT es tan importante refrendar este dato una y otra vez? Luego volvemos a esta pregunta.

 

Pero por el otro lado, quienes asumen la actitud del Anticristo (no creen y confiesan que el Cristo se haya hecho carne), tienen al mundo como principio (origen) y dialogan con él. Y esta actitud, ¿Qué trae consigo para tu vida?

 

Ya el evangelio del mismo autor, retoma las palabras de Jesús desde el sentido de la permanencia en el amor. Algo muy parecido a aquello que decíamos de “encarnarse” en la historia.

Para Jesús, “permanecer” es un verbo imperativo que así es demostrado a través de un dato concreto: “guardar los mandamientos”.

El amor, como expresión de Dios por su Hijo, y de Jesús por nosotros, debe ser una expresión concreta, cotidiana y palpable para que se convierta en alegría compartida (Juan 15.11), caso contrario, habrá sido un dios sin encarnación posible.

 

El paso sustancial que da Jesús en este texto es el primero. Ofrecerse el mismo como amigo de nosotros. Y como todo acto de amor, necesita de la otra parte que acepte ya que no hay amistades donde uno solo ofrezca.

El amor práctico y cotidiano que Jesús ofrece en el cual vale la pena permanecer, es aquel que te hace amigo. Es aquel que acepta que el mismo dio su vida por los amigos como práctica verdadera y fundante de un amor que se quiere hacer carne.

 

Por último, volviendo a las preguntas anteriores. Suponer una vida donde el principio y fin de lo que hacemos sea nuestra propia vida, es dejar de lado la acción de un Dios que se encarna (mucho antes de nosotros y la humanidad) en toda su creación y lo sigue haciendo como acto de amor, soberanía y justicia por aquellas cosas que vale la pena sostener y cuidar. Es dejar que en esta vida, los poderes de turno te gobiernen, te suban al podio de los triunfadores o te excluyan irreversiblemente de todo sistema productivo o de bienestar.

 

Por el contrario, suponer una vida donde Dios se hizo carne en la historia a través de su Hijo único, es aceptar que aún de las peores circunstancias, el Señor quiere estar cerca de nuestra vida. De nuestras debilidades, de todo lo que nos pasa.

Quizás el día de mañana, Dios no lo quiera, nos toque pasar por las “estrellas de David” del pueblo de Amsterdan. Quizás ese día no tengamos el valor, el coraje, o el amor para asumir ese tiempo. Pero de algo estemos seguros. Mucho antes que nosotros, ya Jesús se había puesto una estrella con nuestro nombre en su pecho para indicar de quién somos amigos y a quién pertenecemos. Amén.

Audio de la prédica

Próximamente

Texto: 1º Juan 4.1-4 y Juan 15.9-17

Predica: Pastor Leonardo Daniel Félix

Iglesia Metodista de Almagro (Buenos Aires).

Domingo 6 de mayo de 2018 – 6º de Pascua

Orden de culto

Momento de los niños

Próximamente

Detalles

Fecha:
6 mayo, 2018
Hora:
11:00 a 13:00
Categoría del Evento:
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Lugar

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina
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Teléfono: (011) 4981-4290