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Culto Viernes Santo – La muerte, la gran injustificada

19 abril - 19:30 a 21:30

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina

Hace algunos años atrás, cuando viajábamos al Sur del país como pastores de la Iglesia haciendo misión[1], uno de los lugares elegidos para los campamentos de familias de la Iglesia en la comunidad de R. Gallegos era la Estancia “Monte Dinero”[2].

Allí aprendimos y vivimos cosas muy interesantes, entre ellas, la cría del ganado bovino. Cierto día del campamento nos quisieron agasajar en la Estancia preparándonos un corderito para comer a la noche. Cuando vimos la cantidad de ovejas y corderitos que habían dando vuelta por la zona, no pudimos evitar la pregunta al encargado del lugar: ¿Y cómo saben cuál es el cordero que eligieron para la cena?, – “bueno, es simple” – nos dijeron – “tiene una marca en el lomo”.

 

Claro, pensé yo, es elemental el comentario. Ahora bien, cuando vimos a los animales pasar muy cerca nuestro pudimos descubrir que todos ellos (del más chico al más grande), estaban marcados. A lo cual volvimos a preguntar: “¿perdón, y cómo sabe cuál es la marca?” y allí mismo y sin demora, nos dieron toda una clase técnica de cómo distinguir las marcas. Marcas, en definitiva, de vida o muerte.

 

En verdad, cuando vemos con cuidado y detenimiento, todo tiene una marca en particular; lo vivo y lo muerte, lo nuevo y lo viejo, lo sano y lo enfermo, lo que se corrompe y lo que florece. El texto de este día en particular es abundante en marcas. No todas visibles, no todas tan sencillamente “discernibles”.

 

Cuando releemos este juicio (al menos parte de el) luego de más de veinte siglos de Resurrección e historia cristiana no nos resulta complejo, distinguir los signos de muerte del mismo:

  1. Anás y Caifás (la misma familia, el mismo poder), complotados para dar muerte.
  2. Arresto de Jesús (con sus manos atadas) y la bofetada en su rostro.
  3. Y Pedro, negando y quizás también “traicionando” sus fidelidades y afectos.

 

Ahora bien, no podemos dejar de preguntarnos ciertas cosas: ¿sería tan fácil distinguir los “signos de muerte” si fuese otro el caso o tema del juicio? O dicho de otro modo, ¿sería tan fácil señalar a la muerte si ésta, no fuese una historia tan conocida?

 

Thomas Jefferson, presidente de los EEUU durante el siglo XIX decía: “Matar a un hombre en pos de un ideal es eso…, matar a un hombre”. O su contrapartida en esto sería: ¿habrá fines más nobles que otros que si justifiquen los medios usados?

Si nuestro razonamiento fuese como el de “niños” no nos sería difícil diferenciar una marca o signo, del otro. Por ejemplo, diríamos cosas como: “todos los que se llamen Caifás y Anás son malos, y todos los que se llamen Jesús son buenos”. Pero, lo que para los niños resulta evidente en la vida (no por nada el Reino de los Cielos es de los que son como ellos), para nosotros los adultos resulta confuso, dudoso y hasta cuestionable. Fijémosnos la justificación de este juicio sino, en Juan 11.49-51 y su relectura en Juan 18.14.

Después de todo, hay cosas que se pueden justificar dependiendo desde el lugar donde nos paremos (nuestros intereses, espacios de poder público, afectos, expectativas, etc.).

 

El hecho no está en distinguir uno u otro signo (de muerte o de vida) desde una clave histórica de más de veinte siglos de antigüedad como cristianos[3]. La clave por excelencia que permite diferenciar en el Evangelio los signos de muerte o vida, está dada justamente en el amor incomparable de Dios, que deja a su propio hijo, en manos de aquellos que lo van a terminar matando con causa o sin ella.

 

Este es el dato que nos acerca la Buena Nueva y que Jesús quiere que vivas en tu vida. El sacrificio de su amor por vos, por mi, por todos nosotros.

Quien muere en la cruz por nosotros, lo hace desde su debilidad, su inocencia y su entrega confiada en los designios del Dios Padre.

 

Para quien conoce a Cristo en su vida, nada, absolutamente nada, puede justificar la muerte de los débiles (aún los fuertes) de nuestra sociedad.

Para quien todavía lo anda buscando en su propia vida, sepa ciertamente que es el amor de Dios aquel que le va a permitir encontrar sentido, discernimiento y luz aún en los momentos más oscuros de la vida.

 

El signo de muerte en nuestra sociedad es fuerte y siempre reclama víctimas para el sacrificio, pero nunca olvidemos que el momento más oscuro de la noche es aquel que precede al amanecer. En ese amanecer esperamos con fe y amor. Amén.

 

[1] La Iglesia Metodista tuvo y tiene un proyecto de misión llamado “Paralelo 44” por debajo justamente de este paralelo (más allá de Comodoro Rivadavia) donde se avanzó y consolidó la obra de la misma hasta la ciudad de Ushuaia  (incluyendo R. Gallegos y trabajo incipiente en R. Grande). Al día de hoy, esa zona cuenta con su propio pastor residente y su familia que atienden además de las ciudades mencionadas, otras nuevas que se fueron abriendo (Calafate, R. Turbio – en Pcia. De Santa Cruz).
[2] La Estancia Monte Dinero es, geográficamente hablando, la punto del país que se observa cuando miramos el estrecho de Magallanes. La misma es propiedad de la Familia Felton (David y Katie) de origen escocés.
[3] Clave por cierto, dudosa y fuertemente cuestionable cuando, desde una misma cruz vacía se justicó política  y socialmente hechos tan aberrantes como la Santa Inquisición (en el Medioevo) hasta el plan de “exterminio” nazi en la Europa de II GM, pasando por la conquista  y explotación de los indios en América Latina, a manos de españoles y portugueses.

Audio de la prédica

Próximamente

Texto: Juan 18.19-27

Predica: Leonardo Daniel Félix

Iglesia Metodista de Almagro (Buenos Aires).

Viernes 19 de abril de 2019. Viernes Santo.

Orden de culto

Detalles

Fecha:
19 abril
Hora:
19:30 a 21:30
Categoría del Evento:
Evento etiquetas:
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Lugar

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina
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Teléfono: (011) 4981-4290