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Leonardo Félix

Construyendo esperanza desde lo poco

7 julio - 11:00 a 13:00

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina

Hace tiempo atrás un amigo me relataba su experiencia de comprar mascota para pequeño departamento y para su hijo empecinado en tener una (de cualquier tipo). Luego de evaluar la situación, resolvieron que el hámster sería lo más adecuado e inofensivo para su entusiasta hijo; el vendedor les mostró varias “jaulas” donde poder tener el animalito en cuestión y, una de ellas muy vistosa, fue la elegida. Con su rueda de ejercicios al fondo, mi amigo empezó a moverla inmediatamente. Comprobó que funcionar, funcionaba pero, el ruido era insoportable. Miró al vendedor y le dijo: “pero esta rueda hace mucho ruido…”. Y sin mucha sorpresa de su parte, el vendedor le contestó: “si, pero si no la mueve mucho, va a ver que ni molesta…”.

Estaba claro que frente a semejante lógica de razonamiento cualquier discusión iba a ser en vano. Tomó la jaula, la compró y en su departamento trató de mejorar la rueda lo mejor que pudo, cosa que nunca pasó mientras el ¡hámster vivió!

En fin, con la Misión y la manera en que las iglesias la encaran pasa como con la rueda de la jaula: servir, no les quepa ninguna duda que sirve, eso sí, cada vez que la mueva inevitablemente hace ruido y requiere revisiones periódicas para que quede lo mejor posible.

La lectura de este domingo nos invita a ver el tema de la misión como un dato recurrente del ministerio público de Jesús y, al mismo tiempo, esencial a la vida misma de todo creyente.

Lo que en principio era una misión para los doce más cercano, hoy se convierte en algo de mayor alcance (al menos para setenta personas) donde se corrobora con fuerza las dificultades latentes que todo movimiento en la “misión” conlleva.

  • Se aprende a que el “rechazo” de otros es parte inherente de lo que uno mismo dice en el nombre del Señor.
  • Se aprende a qué, con mayor cantidad de gente trabajando se pueden hacer muchas más cosas pero, al mismo tiempo, se pierde espacios concretos de control (imaginemos como supervisar el testimonio de 35 parejas que salen al mismo tiempo a dar testimonio). Cómo hacer, desde dónde instruir, preparar a otros, etc.
  • Se aprende que, ver la inmensidad del campo que se tiene por delante es darse cuenta que ni siquiera con esos 70 trabajando nos va a bastar.

De este modo, bajo tres paradigmas clásicos del movimiento que la misión genera en las iglesias, estas mismas iglesias aprendieron mecanismos de cómo hacer más fácil y llevadero los mismos (lo que no quiere decir que el movimiento mejore, es solo un intento por evitar tanto “ruido”).

  • la mejor manera de combatir el rechazo es no exponerse a él. Un dato elemental que en nuestro inconsciente colectivo como cuerpo de Cristo se disfraza de: “…y, a mi me da vergüenza decir estas cosas” o bien, “¿y si no quieren venir?”.
  • la mejor manera de combatir el descontrol que genera tanta gente distinta es la reducción de la misma. A menor cantidad de gente involucrada, siempre hay mayor capacidad de control de la “gestión” por así decirlo.
  • la mejor manera de combatir la “angustia” que el campo abierto produce es, sencillamente, no salir hacia ningún lado.

Con esto queda demostrado que, la mejor manera de combatir las angustias que te pueden generar las pérdidas de control de lo que pasa a tu alrededor, o la fobia frente al rechazo ajeno es, justamente, parando la “rueda” (al menos no hará más ruido). Y por si esto fuera poco, la falta de movimiento en la misión, también aleja a las iglesias de un punto importante que genera profundos temores: “la precariedad”.

Nada más precario que la misión que el mismo Jesús plantea a sus discípulos, sin bolsa, sin alforja, sin sandalias para el camino, ni siquiera saludos nos quedan para dar mientras andamos. Tan precarios andamos en esta misión que hasta somos “como corderos en medio de lobos”.

Repito, el rechazo de otros, la falta de control sobre lo que te rodea y la angustia misma de lo inmenso que te rodea, no es algo que uno busque en la vida. Si a esto le sumamos la precariedad de ni siquiera tener con qué calzarnos, el evangelio siempre está destinado a ser una apuesta para pocos valientes.

Está claro que la propuesta del Evangelio conlleva un precio muy alto, dato que queda explicitado a través de la sangre de Cristo. Pero al mismo tiempo, es el gozo y la alegría que la misión trae lo que permite asumir un costo personal alto con un modo de vivir distinto al resto del mundo.

Así también, como existen paradigmas del texto, paradigmas de las iglesias como contrapropuestas, así hay tres elementos claros que los enviados llevan consigo.

  • La paz del Señor.
  • La sanidad que éste provee.
  • El anuncio de la llegada inminente del Reino.

Vivir la vida con estos elementos es justamente encontrar sentido a la sensación de precariedad que el Evangelio propone y del mismo modo eliminar tus angustias y temores. En definitiva, es encontrarnos con el poder de Dios actuando en medio nuestro. Es desde la debilidad y el asumir la debilidad con que las iglesias salen a misionar y no desde el poder que somos más, porque tenemos con qué o bien, porque a todos les caímos simpáticos. Es desde la oración y el caminar con otros que uno hace presente esto.

Que seamos nosotros en este día, en este tiempo de la vida de la iglesia, los que podamos darle gracias a Dios porque de todas las cosas posibles por hacer, nos ha tocado anunciar la buena nueva. Amén.

Audio de la prédica

Próximamente

Texto: Evangelio de Lucas 10:1-11 y 16-20

Predica: Pastor Leonardo Félix

Iglesia Metodista de Almagro (Buenos Aires).

Predicación Almagro. Domingo 7 de julio de 2019. 4º de pentecostés.

Orden de culto

Detalles

Fecha:
7 julio
Hora:
11:00 a 13:00
Categoría del Evento:
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Lugar

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina
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Teléfono: (011) 4981-4290