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Como viendo por primera vez la película

2 diciembre, 2018 - 11:00 a 13:00

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina

Seguramente muchos de ustedes recordarán la película “Rescatando al Soldado Ryan” (de S. Spielberg, 1998) donde se describe con fuerza y muchas exactitud histórica el desembarco de los aliados en Normandía como una de las acciones más importantes de la II G.M. que definiría la acción futura y final de la misma.

El final de la misma plantea para el protagonista (el Soldado Ryan) la pregunta decisiva: ¿Fue una persona digna del sacrificio que otros hicieron por él?

El ejercicio de ver una película cuando no conocemos lo que sucederá es hasta simple. Todo hacia delante es novedad, expectativa y datos inciertos a descubrir. Ahora bien, qué nos pasa cuando esa película ya la vimos, ya sabemos quién vive y quién no, ¿dónde se rescata la expectativa del acontecimiento?

 

De cierto modo, toda obra de arte (en este caso una película) plantea una y otra vez el sentido de la misma aunque ya sepamos el final. En la Palabra de Dios, el advenimiento de la navidad no quita de ningún modo la expectativa por lo que sucederá, no tanto con el personaje en sí mismo (Jesús en este caso y su nacimiento), sino con nuestra propia vida y las preguntas que se nos levantan a partir de la misma.

“Para que sean tenidos por dignos” (vers. 36) culmina con fuerza la exhortación de Jesús para este día.

 

Como en una obra en tres partes, el Evangelio de este 1º domingo de adviento allana el camino hacia la navidad desde nuestra dignidad, desde nuestra ética frente a lo inevitable, frente a aquello que mostrará lo mejor y también en muchos casos, lo peor de nuestras propias vidas.

 

1º Acto (“…vuestra redención está cerca” vers.28).

 

Jesús es parte de la tradición de su pueblo. No cualquier tradición, el elige conscientemente el lugar (cf. Con Daniel 7.13-14) con el cual identificarse. Gobierno y potestad dado por Dios Padre a su vida. ¿Frente a qué? Frente a lo que perecerá (cf. Lucas 21.5-6 y 20).

El nacimiento de todo nuevo tiempo exige necesariamente la muerte del anterior. Lo que está por venir debe correr de lugar a lo que ya estaba y por ende, sacarlo del camino.

El poderío del templo de Herodes y su vasta tradición familiar llega a su fin. Quizás impensable para cualquier judío piadoso. Quizás hasta insoportable la idea de ver a su querido templo de Jerusalén caer en manos de otros.

En medio de la destrucción, la esperanza una vez más queda en manos del “Hijo del Hombre”. De el que es enteramente humano, enteramente Dios y cuyos dominios no pasan jamás (“vuestra redención ya está cerca”).

Me pregunto junto con esto, cuando veo la realidad nacional en la que vivo, el hambre, la injusticia y los proyectos que nunca se concretan. Cuando veo mis cuestiones más íntimas, con mis miserias cotidianas, mis derrotas y frustraciones: ¿Soy capaz de ver un tiempo de redención para mi, para los que amo?, ¿soy capaz de decirme con sinceridad que, lo mejor aún está por venir?

 

2º Acto (“El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán” vers.33).

 

Si la primera escena nos parece compleja, confusa o bien, difícil de asumir, viene una parábola simple y profunda a la vez. La higuera que florece y que, sepas poco o nada de botánica, podrás ver con tus propios ojos como señal del poder de Dios acercándote a tu vida.

Esta imagen no se le pasa por alto a ningún evangelista. La posibilidad de ver, sentir, oler y palpar a tu alrededor las señales del nuevo tiempo no están reservadas a un grupo de fieles en particular, o eruditos de algún tipo (“preguntemos al pastor que seguro el debe saber”, dice la gente habitualmente).

El reconocimiento de lo que el Señor acerca a la humanidad es algo que nadie puede hacer por vos. Esta tarea de reconocer en la higuera florecida el nuevo tiempo, es intransferible, nadie lo puede hacer por vos.

Me pregunto en función de esto: ¿Qué es lo que pasa en mi vida que aún viendo el florecer de todo a mi alrededor, no puedo percibir la cercanía del nuevo tiempo de Dios?

¿Qué cosas son las que hoy me impiden apreciarlo? ¿Cuál es la dificultad más cercana que tiene hoy mi iglesia para que el Reino de Dios y su Justicia, sea algo tan lejano de vivir?

 

3º Acto (“…sean tenidos por dignos” vers.36).

 

Concluye por ahora, esta obra. Quién no puede percibir el verano que se avecina, tiende a ver un invierno interminable. Quién no puede ver la claridad del nuevo día, vive inevitable una noche sin fin.

La exhortación de Jesús, nos cuida con firmeza y amor de no caer en este sitio de oscuridad y frío.

Construir desde la convicción de la venida del Salvador evidentemente nos propone nuevos espacios de acción, siempre mejores, siempre renovados. En este caso también, conocer la película de Jesús nos invita una y otra vez a revisar nuestras prácticas cotidianas.

¿Qué clase de ética construyo en mi vida cuando lo único que hago prevalecer es la falta de esperanza y expectativa en la venida de algo mejor y eterno?

¿Da lo mismo vivir como si Dios no estuviese o simplemente hubiese muerto en la cruz sin resurrección?

¿Cuáles son las actitudes que debes tener en cuenta en tu vida para ser tenido por digno/a frente a Jesús?

 

Claro está vos y yo lo sabemos. Hay muchos más actos en esta obra que necesariamente, habrá que poner en oración para que el Señor le dé sentido a nuestra propia vida.

Tiempo de adviento es tiempo de espera activa en oración. Tiempo de ser tenidos por dignos/as porque nada ni nadie nos puede quitar la esperanza que es en Cristo Jesús. Amén.

 

Audio de la prédica

Próximamente

Texto: Evangelio de Lucas 21.25-36

Predica: Pastor Leonardo Félix

Iglesia Metodista de Almagro (Buenos Aires).

Domingo 2 de diciembre de 2018

Orden de culto

Detalles

Fecha:
2 diciembre, 2018
Hora:
11:00 a 13:00
Categoría del Evento:

Lugar

Almagro Av. Rivadavia 4050
Capital Federal, Argentina
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Teléfono: (011) 4981-4290